El mercado de vehículos exóticos en México terminó 2025 con un ajuste que pocos anticiparon. Las unidades disponibles cayeron alrededor de un 18% respecto al año anterior — no porque haya menos demanda, sino porque quienes tienen las piezas correctas dejaron de venderlas.
Los coleccionistas serios entendieron que un Ferrari 512 BB con Classiche, un Aventador con edición Pirelli, o cualquier Rolls-Royce anterior al cambio de plataforma dejaron de ser autos: son activos apreciables. Y como tales, ya no responden a la lógica del mercado usado.
En paralelo, la importación bajo régimen de origen se volvió más selectiva. La combinación de tipo de cambio, aranceles revisados y una CFDI más estricta hace que traer una unidad desde Estados Unidos hoy cueste entre 12% y 15% más que hace dieciocho meses. El comprador informado ya no compara contra Miami — compara contra lo que hay disponible en piso local.
Qué está pasando con los precios. Los segmentos que más han subido son, por ese orden: superdeportivos V12 con menos de 5,000 km, cualquier producción limitada verificable, y clásicos con paquete factory-original. El SUV de lujo — Urus, Cullinan, DBX — se estabilizó tras la corrección de 2024, pero unidades con configuraciones únicas siguen premiadas.
Y con el volumen. Los segmentos que sí tienen inventario son los que no despiertan a un coleccionista: sedanes premium sin firma histórica, SUVs germanos con más de 40,000 km, y cabriolets ingleses fuera de temporada. Buenas máquinas, pero sin la tesis financiera de un Jalpa o un F430.
La conclusión práctica para quien compra en este momento: si buscas una unidad con paquete completo, historial verificable y presencia limitada, hazte a la idea de moverte rápido cuando aparezca. El mercado ya no espera a nadie.


